ADVERTENCIA

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Este blog tuvo su nacimiento, desarrollo y muerte. Resucitó por un tiempo, pero lo he vuelto a matar.

Cerré el acceso por un tiempo con la firme intensión de borrarlo, pero la señorita Ángela Pablo dice que una cosa es cerrar una cuenta de twitter, y otra más grave, borrar un blog. Creo que tiene razón, como dice ixcolai: ¿qué estudiarán los antropólogos del futuro? Pues tal vez lean blogs. Así que lo dejo aquí, como muestra de lo alguna vez que fui, pero ya no soy más...

Los rumores dicen que ahora me pueden encontrar por acá:

http://estoyllenodedudas.wordpress.com/


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Dejo la vieja advertencia de este blog, ya que continua siendo válida:

Escribía en español, inglés, francés y mal catalán porque me agradada hacerlo. No soy galo, catalán o anglosajón. Y si crees que soy mexicano sólo porque nací en este país, te reto a que definas tu concepto de nación y por lo tanto de nacionalidad.

Las expresiones aquí mostradas fueron un reflejo de mi estado de ánimo al momento de escribirlas, y si lees profundamente, verás que mi estado de ánimo cambia como menguante es la luna.

Si te sientes ofendido por alguna idea expresada en esta página, recuerda que "duras no son las palabras, frágiles las mentes que las interpretan".

¿Quedó claro? Si no es así, deja un comentario en la entrada del conflicto (junto con tus datos) y me comunicaré contigo a la brevedad.

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miércoles, noviembre 14, 2007

¿Qué se sentirá?

Espetado por Sólo Héctor |

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Hoy vi a una señora en el metro que se movía con la lentitud de quien no tiene prisa, porque simplemente ha dejado de importarle el tiempo.


Vestía ropa en muy mal estado, un pantalón de mezclilla más sucio que el mio (y eso significa que estaba cerdísimo), una camisa de hombre azul manchada en las mangas de lo que supongo que era maquillaje, una gorra tipo pasa-montañas verde en la cabeza (la cual cubría lo que parecía ser un cabello corto), y una mochila azul (más sucia que todo el conjunto anterior).

Tenía el rostro desfigurado por alguna enfermedad que no pude descifrar, pero lo más probable es que haya sufrido fuertes quemaduras hace ya bastante tiempo; en su mejilla derecha una pequeña cicatriz -en lo largo-, pero prominente, asomaba su historia turbulenta al mundo.

Pero a pesar de que todo el conjunto mostraba indicios de una vida tormentosa, la mujer en cuestión mostró el aspecto más interesante y el cual nunca pensé que tuviera: VANIDAD.

De pronto, sin perturbación aparente, abrió su mochila y sacó un gran estuche octagonal de maquillaje, el cual poseía un gran espejo en su tapa. Lo abrió y se miró largo rato -como pintor decidiendo que plasmar en su lienzo en blanco- antes de tomar una pequeña brocha. La tomó lentamente y la frotó sobre una sombra de color cobrizo; con la misma lentitud comenzó a maquillarse.

Cada movimiento parecía suave y estudiado -como de una bailarina de arte moderno, ante un ritmo lento y cadencioso-; avanzaba lentamente sobre su rostro y retocaba cada parte que a su criterio lo necesitaba. La lentitud de sus movimientos me resultó imnotisante y trataba de no mirarla fijamente para no incomodarla.

Lo único que logró sacarme del transe fue la estación usual de mi destino por las mañanas; pero aun ahora siento que algo le ha de haber robado el tiempo y le dejó la nada...

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